La Salud Mental, por su naturaleza propia, no es un bien solitario. Es un bien a compartir con los demás. Se genera y se desarrolla en los individuos dentro del contexto familiar, que es el medio ambiente en el cual se realiza el desarrollo psicoemocional.

La Salud Mental, circula desde el inicio en la dimensión de lo social.

Desde el nacimiento, el niño pequeño, recibe las influencias parentales en términos de factores formativos y estructurantes de su personalidad o en términos patógenos generadores de identificaciones alienantes que condicionarán estructuras de comportamiento referidas permanentemente a vínculos enfermizos y enfermantes que le impedirán el desarrollo de una autonomía y de una identidad propia.

Los médicos, conjuntamente con otros trabajadores de la Salud Mental, interdisciplinariamente, compartimos la responsabilidad de iluminar, curar y reparar esos vínculos patógenos y generar condicionamientos en el seno de la sociedad, la familia y los individuos. Visualizando un campo más amplio, el de la Salud Bio-Psico-Social.

El ser humano es una entidad biológica, psicológica, social y cultural en donde cada uno de estos aspectos se vincula con los demás en un constante interjuego, tanto en la salud como en la enfermedad.

Un psicoterapeuta debe estar suficientemente informado sobre las teorías e hipótesis que se refieren al funcionamiento del psiquismo y debe tener curiosidad suficiente como para seguir adquiriendo información a lo largo de toda su vida profesional.

El desarrollo de la capacidad de comprensión empática hace indispensable el autoconocimiento del psicoterapeuta, para no equivocarse en la percepción de los conflictos de quienes lo consultan.

El autoconocimiento es un proceso que lleva tiempo y esfuerzo, unas de sus vías es el desarrollo de un proceso terapéutico del mismo psicoterapeuta.

Como para el resto de las relaciones humanas (y la psicoterapia es una forma de ellas), la profundidad no está dada por la cantidad de sesiones, ni por la duración en años, ni por la técnica de la relación, sino por la posibilidad de lograr un nivel de comunicación que comprometa lo esencial de un ser y de otro (vínculo terapéutico).

Mi quehacer está presidido por un espíritu humanístico, ético y estético, que puede sintetizarse en las palabras: “NADA DE LO HUMANO ME ES AJENO¨.